miércoles, 22 de noviembre de 2006

Amores Amargos

Amores amargos.

Llegue al pueblo con el traje adecuado desdiciendo aquello de que el habito no hace al monje, en mi pequeño maletín llevo mis enseres personales, un rosario, estampitas de la virgen de Copacabana y un crucifijo pequeño de madera. Lo vi llegar, no tenia los hábitos de un cura, pero quien soy yo para escogerlos, solo atiendo la parroquia, le ayudo a acomodarse en sus habitaciones y preparo la cena. Que mala suerte, si no hubiesen descubierto los dados cargados nos hubiésemos llevado un buen billete, tuvimos suerte al escapar de ese pueblo y ahora nos encontramos en la puerta de la iglesia pidiendo alojamiento haciéndonos pasar por peregrinos. Siempre mi perra suerte también que me estaba yendo como dentista en estos pueblos olvidados por Dios, si no la hubiese conocido no estaría metido en tantos líos y acompañando a este crápula. El problema en el que me he metido, no debí venir al pueblo con esta provinciana, pero ante su amenaza de me voy a suicidar que podía hacer, así que valor y templanza. Si mi padre supiese porque la urgencia para casarme seguro me mata, mi amor fue ciego y a veces tan zonzo. Mañana mi hija se casa, no me gusto que retorne de la ciudad con ese tipo, el matrimonio me esta costando un ojo de la cara con cura de la ciudad y fiesta de una semana.

Necesitaba plata y como caído del cielo me encontró en el bar con un plan fantástico, me contó de la rica provinciana y del falso matrimonio que quería que celebre, acaso no se acordaba que había sido expulsado del seminario. Estos jóvenes dizque peregrinos no parecen devotos sin rezar han cenado como si no hubiesen comido tres días. Este cura me recuerda a mi amigo ¿cura? , recuerdo que loco por una chiquilla no recibió los hábitos, voy a visitar al novio. Me escape de la ciudad para olvidarla, me grito que tenia un amor prohibido, que se amaban con un seminarista, se volvió de hielo ante mis ruegos. No tendría porque casarme en falso si no existiese la otra que me vuelve loco en la cama. Mi padre esta gastando un dineral, orquesta electrónica, banda, danzantes, cerveza como en río y comida para toda la semana, hasta mis primos de Argentina esta haciendo venir y yo con el fruto de mis amores locos en el vientre. Ya esta todo, todo esta preparado para mañana, mañana a primera hora entrare a la iglesia del brazo de la niña de mis ojos, tanto la he cuidado.

En medio de la iglesia barroco-mestiza, empiezo a celebrar la misa, lo ultimo que recuerdo son esos ojos llenos de venganza que grita a todo el mundo que no recibí los hábitos por lo tanto la boda es falsa. Golpean la puerta de la parroquia me cuentan que se armo un gran escándalo en el pueblo, los familiares lo están pegando al cura y al novio, la novia se ha desmayado. Después de la cena, visito al novio, le pido dinero, un ojo de la cara, si no hablare lo del cura, me responde que pagaría mi silencio en la primera flota que sale a la ciudad mañana de madrugada. Se me hace la luz cuando en el desayuno el cura me dice su apellido, mi venganza tantas veces rumiada se hará realidad. Me duele hasta el alma, la única duda que asalta mi mente es cómo ese tipo se entero de la verdad, si mis ojos vieron marcharse al salir el sol a la persona que lo sabia con los bolsillos llenos. Despierto y el medico me dice que me tranquilice, que ese tipo que dijo que me amaba estaba en la cárcel con el falso cura, que ambos habían pasado por un calvario. Lo tengo a la sombra para eso soy el corregidor, de rodillas me promete que se va a casar con mi hija, lo perdono por mi nieto.

(un cuento de Mario R. Duran Chuquimia )

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