martes, 15 de mayo de 2007

Bolivia Asamblea Constituyente Capitalia

La Paz, 2 de Mayo de 2007

Señor Presidente de la República de Bolivia.

Su Excelencia:
Anoticiado de los intentos en la Asamblea Constituyente que se realiza en Sucre, sobre trasladar la sede de la capitalía que pertenece a nuestra ínclita ciudad, en consulta con vecinos y familiares que radican por los alrededores de la ceja de El Alto y el lago sagrado, hemos decidido tomar las armas y hacer entender las razones de la capitalía de La Paz.
Haciendo un inventario de hombres y bagajes de guerra, dispongo de cincuenta vecinos con rifles winchester, igual cantidad de caballos mas doce de recambio, cinco piripis (1) para los oficiales, una pieza de artillería con ruedas y mulas de arrastre, treinta mulas con alimentos y municiones, suficiente polvora. Así también he enviado un chaski (2) a mi compadre, el cacique José Choquehuanca para consultarle si puede colaborarme con algunos ponchos rojos, me ha respondido que a la altura de Viacha y Collana, se unirán primero cuatrocientos y luego seiscientos campesinos, pocos con máuser y los mas con hondas, pues con esa arma son capaces de matar un conejo en movimiento a 70 metros.
He escrito correos electrónicos a otros vecinos paceños, quienes según vaya la cosa han dicho que van a colaborar unos con dineros, otros con ellos mismos, así que estimo que se puede organizar fuerzas considerables para la defensa de la capitalía de La Paz. Consultados sobre el nombre de este ejercito, hemos decidido bautizarlo con el nombre de Ejercito Constitucionalista, puesto que defiende a la Constitución.
Sabemos señor Presidente, que no hay otra cosa mas importante en las discusiones de la Asamblea Constituyente que la capitalía, las otras cosas pueden esperar, y como la victoria da razones, esperamos derrotar militarmente a quienes cuestionan a La Paz.

Telesforo Ríos
Comandante del Ejercito Constitucionalista.

P.D. : Espero la confirmación del cargo, mediante nota suya.
Notas:
(1) Piripi = Ametralladora, fue utilizada en la guerra del Chaco.
(2) Chaski = Mensajero, quien en el incario, recorría grandes distancias.

(*) Es una ficcion de Mario Duran Chuquimia

miércoles, 21 de febrero de 2007

Para el resto de mi vida.

Escucho entre sueños una voz que le decía: - si escuchas pasos y la voz de mi mama te metes bajo la cama, te imaginas lo que nos va  a pasar si nos encuentra juntos tan temprano por la mañana. Sus ojos no vieron el cuarto de soltero incurable sino una habitación con ciertos toques femeninos, a la derecha un ropero a la izquierda una colección de libros,  le hubiese gustado revisarlos, pero otras eran las prioridades.

Escucho pasos en dirección suya, semidesnudo, sintió frio pese que estaba cubierto con colchas y el cuerpo de su pareja, frio que se hizo miedo, recordó la vez que hecho cateador novel de minas casi se despeño en una de las montañas detrás del Illimani, la solidez de la soga  que lo unía a sus compañeros, le salvo la vida, un sorbo de alcohol y una palmada en la espalda le devolvieron el ajayu al cuerpo. En esa ocasión no sintió tanto miedo como ahora.

Rápidamente los recuerdos vinieron a su mente, mientras sus amigos de la fraternidad de caporales, sucumbían uno a uno ante los caderas cadenciosas de las féminas, entregando vida, corazones y billetera en el altar del matrimonio, el prefería ocasionales amores o parejas que no le exigían el anillo. Después de destrozarse el corazón en colegio, pues su pareja y la familia de ella se fueron a España a buscar mejor vida… tantas tardes se preguntó porque ella se fue y lo dejo con esa soledad eterna, por lo que tomo la decisión de no aferrarse a nadie.

Sigilosamente se metió bajo la cama de madera, no pudo disimular su metro con setenta y ocho centímetros en esa cama pequeña que fue grande para el amor, tuvo que doblar las piernas, contuvo la respiración cuanto se abrió la puerta. - ¿hija, a que hora has llegado anoche?. Busco el control remoto, encendió el televisor, sintonizo un noticiero. – A la una, mamita, era el cumpleaños de la Rosmery, le llamado a mi papa, para pedirle permiso. – ¿No me mientes, hijita?, ¿a esa horas has llegado?. - Si mamita, fue la respuesta segura. Su madre se retiro pensando que el ultimo año de la universidad, su trabajo de medio tiempo le permitían  a su hija tales libertades.

- No seas maricón, ven aquí, le dijo. Recibió un abrazo, caricias y los besos llenaron su rostro. Por unos instantes olvido sus temores. Escucho decir: - si vuelve mi madre, te ocultas en el ropero y no bajo la cama. Otra vez escucho los pasos. Como un gato de setenta y cinco kilos se metió en el ropero de tres cuerpos, agarro la puerta por dentro y espero. Su madre le trajo el desayuno, compuesto por café yungueño, jugo de naranja, pan de afrechillo, miel y azucar servidos en bandeja de madera sobre la cual estaban tazas, vasos y cucharillas. Madre e hija se pusieron a charlar y a comentar la vida de propios y ajenos.        

Sintió que el calor lo mataba, una chamarra de cuero femenina, los sacos largos y los sacos de paño conspiraban contra su libertad, empezó a sudar copiosamente, el aire mezquinamente le llegaba a sus pulmones, quiso desmayarse pero no pudo. Nunca una madre se mostro tan sorprendida, del ropero de su hija salió un hombre en paños menores, con el miedo a flor de piel se puso a gritar, al instante aparecieron su esposo, sus dos hijos, la hija mayor y la empleada.

Se armo un consejo de guerra, la madre y la hija sorprendida en falta se pusieron a sollozar, el padre y los hermanos estaban ofendidos, mas cuando dispuestos a cobrar el honor de la familia a puño limpio, vieron que cual leona enfurecida, la hermanita menor defendía a su pareja. La hermana mayor quiso pegarla y toda la familia escucho decir: - que todo a sido mi culpa, yo soy el único culpable y responderé como caballero, en dos días vendrá mi padre y pediré la mano de su hija. Como por arte de magia la familia se calmo, le trajeron el desayuno y le permitieron quedarse con ella.

Después de tantas décadas de felicidad compartida, con la cabeza cual montaña cubierta de nieve, tres vástagos y un nieta, en el lecho del hospital, tomando la mano de su esposa, victima de cáncer terminal, escucho de sus labios una confesión: - que aquella mañana, ella que lo había querido siempre no encontró otra  manera de estar junto a el para hacerle feliz el resto de su vida.

 

Notas:

Ajayu, en aymara, el alma.

 

x una ficción de Mario R. Duran Chuquimia.

El Alto, 19 de Febrero de 2007.

viernes, 19 de enero de 2007

Victima Inocente.

Victima inocente.

Como todos lunes, día de menor venta, la señora de la casa, con pollera viejita se puso a limpiar el cuarto de su hijo,  acomodo libros y revistas, acomodo a su entender los cidis en sus cajas, recogió la ropa sucia e innumerables pantalones jeans de su retoño mayor de 25 agostos, soltero con enamorada, el plumero espanto el polvo de los muebles, metió la escoba bajo el catre de madera, cuando sintió que algo se movía, objeto largo en la penumbra, escamoso al brillo de la lámpara, gritar de susto, rezar, escapar y volver y matar a escobazos a la víbora fue todo en uno. Ante el cadáver del desdichado reptil se sumió en profundas cavilaciones, después de largo tiempo llego a la conclusión fatal, no pudo gritarlo, pero en su mente altiplánica se fijo una idea: "esto es k'encherio", se pregunto de que oscuras artes se valieron sus enemigos para meter una víbora en su domicilio, y pensamiento rápido, se pregunto por la identidad de estos.

            Desde aquel día ya no miro a sus vecinas con los ojos amigueros de vieja comerciante de electrodomésticos al por menor. Una por una, analizo a sus vecinas de tarima, hubiese querido leer la mente de las mismas para saber de sus aviesas intenciones, sus razones tendrán - se dijo - acaso yo tendré la  culpa, se pregunto luego. No puede ser la galletera, hasta Guaqui he viajado para el matrimonio de su hija con diez cajas de cerveza y un ropero. Tampoco la dulcera,  cuando ha pasado su preste le colaborado con la orquesta… hizo memoria, a ninguna de sus amigas le hizo mal. ¿Tal vez mis caseros?. No, a sus proveedores les pagaba lo justo y a los compradores les rebajo.

            Se animo a subir a la apacheta del Corazón de Jesús en la Ceja de El Alto, ubico a su yatiri de cabecera. Este, psicólogo nato, le pregunto: - ¿porque has tardado tanto en venir, mama?.  Con el rostro compungido, lagrimas en el rostro, relato los hechos en aymara y la terrible sospecha del k'encherio, el brujo ducho en artes esotéricas,  rebusco su chuspa y  saco hojas de coca, trazo signos cabalísticos,  lanzo al aire las hojas murmurando oraciones, a medida que estas caían en el aguayo, el semblante del adivino cambio para desconsuelo de la paciente. Esto es grave, señalo las hojas: no es para vos - le dijo, después de una pausa, exclamo: - …. la enamorada de tu hijo, tiene otro joven que la reclama, el ha hecho el brujerio para dañar a tu hijo, fuerte es el hechizo, lo han convocado al Supay.

            Con el corazón asustado, pregunto al yatiri, que debería hacer para contrarrestar el sortilegio. Recibió instrucciones precisas, para combatir al príncipe de las tinieblas había que otorgar una ofrenda a la Pachamama. Tienes que traer un sahumerio, vino de la tierra, dulcemesa llena de pastillas de misterios, alfeñiques de tres colores, melcochas, nueces, pasas de uvas y guindas, todo envuelto en papel sabana, comprado exactamente de cuatro puestos a la derecha y lo mas importante, cría de oveja blanca de lengua negra. Te voy a esperar el primer viernes del mes que viene. Tres días después , en la apacheta de Munaypata, a las cuatro de la mañana llego la señora con todo lo pedido. La mujer del brujo, vendedora de sahumerios, le saco un ojo de la cara por la mesa exigida. Deambulo por los pueblos que circundan La Paz, buscando la oveja, que fue comprada con el ojo que le quedaba. Quiso pensar en cuanto le pagaría al brujo, pero detuvo su mente, no hay que ofender a los laik'as se dijo. Así que esa madrugada,  dentro de su busto tenía una bolsita con quinientos dólares para pagar a quien celebraba la ceremonia.

            El yatiri le esperaba con maderas dispuestas para la hoguera, recibió la dulcemesa, la dispuso sobre el altar entonando otra vez rezos misteriosos, el y la tierra bebieron alcohol puro, el resto fue rociado sobre el sahumerio, encendió fuego y en la medida del crepitar de fuego ardiente la Pachamama recibió la primera ofrenda. Con los primeros rayos de sol, con igual ceremonia, la ovejita fue degollada y su sangre ofrecida a la diosa de la tierra. El brujo dirigió una mirada tranquilizadora  a la señora, sin contar los billetes, recibió el pago por sus servicios.

            Esta, en el asiento del minibus que la traslado, durmió un sueño placido, entro a su casa, en la cocina desayunaba su hijo después de otro de sus viajes al campo que su profesión exigía, su madre no supo como iniciar la charla. Este, después de ingresar a la U, dejo atrás las supersticiones de sus ancestros, bailaba morenada en la fraternidad de su madre, mas por compromiso, que por fe al T'ata del Gran Poder, no le gustaba el sincretismo religioso-pagano fomentado por la iglesia. Pero en Roma, como los romanos.

Su madre abrió la boca, con cara de circunstancia, empezó a hablar:  - Hijo, no sabes… te ha entrado víbora a tu cuarto…  ¿Como esta mi nueva mascota, mami?. Me la han regalado en los Yungas, le dejado en su caja con verduras, es inofensiva. Perdón por no decirles, es que he tenido que salir tan rápido…, conoces  el carácter de mis jefes...

x Mario R. Duran Chuquimia.

Vocabulario:

 
K'encherio , maldición.

La tarima es una especie de mesa rectangular que permite exponer los productos de las comerciantes, generalmente es de madera.

Guaqui, puerto boliviano en el Lago Titicaca.

Casero/a, en Bolivia dicha palabra identifica al comprador o vendedor, los diálogos entre estos, son los siguientes: casera, a cuanto es?. Tanto , casero, comprame pues, te voy a rebajar.

Supay, el príncipe de las tinieblas.

Pachamama, diosa de la tierra.

Apacheta, lugares elevados en el altiplano, destinado al culto andino.

 

jueves, 4 de enero de 2007

Morir en diciembre

Morir en diciembre.

Para quienes mataron sus sueños de revolución.

 

Como todos los años,  se dedico a devolver a la sociedad lo que en justicia le correspondía, cual fanático religiosos, llamaba por teléfono a sus amistades, importunándoles de que si no tenían por ahí ropas usadas, juguetes y un largo etcétera, quería llegar con mas presentes navideños a las comunidades del altiplano, cual Papa Noel hubiese querido estar en varios lugares al mismo tiempo.

            Esa fue la forma elegida de olvidar sus sueños de juventud,  joven casi niño, escucho la historia del "Che" Guevara, su gesta de guerrillero, ya en la universidad se relaciono con los grupos de izquierda, cada uno a fuerza de palabras mas revolucionario que el otro, conoció la derrota de la Unión Democrática y Popular, escribió sesudos análisis sobre las tareas de la Central Obrera Boliviana y el pueblo movilizado, intento ser profeta en su propia tierra, aparte del circulo de amigos que le palmeo la espalda, los líderes sociales no quisieron escucharlo, puesto que el sindicalismo solo concebía metas de corto plazo:  "mas salario y mas pulpería".

Al paso del tiempo idealizo al Che y  año que pasaba sentía mas fuerte el llamado de la montaña, empezó a endurecer su cuerpo de burgués, de a poco llego a trotar una hora todos los días, realizar el aseo de cuerpo completo con agua de grifo en las gélidas mañanas del altiplano.  Al calor de los alcoholes animaba a sus amigos a cambiar la teoría por la práctica revolucionaria, no quiso darse cuenta que ellos que recitaban a Marx de memoria se habían vuelto funcionales al sistema.

Cada vez que leía por prensa la formación de guerrillas guardaba los recortes en una carpeta, buscaba la forma de contactarse con dichas células, esperando desenterrar del jardín, el FAL, las balas, la pistola automática, las granadas que con paciente labor, ahorros y paciencia había hecho suyos. Las mas de las veces el gobierno de turno acababa con los intentos de los "extremistas" y se quedaba con las desesperanzas hechas.

Un amigo suyo le invito a trabajar en una oenege que se dedicaba al desarrollo de las comunidades campesinas, aprendió aymara y quechua, no los hablaba con perfección pero se hacia entender, se relaciono con la dirigencia campesina, pero su piel clara no lo ayudaba por mas que se tostaba al sol, adelantándose en el tiempo supo que el cambio social en Bolivia vendría de las comunidades rurales e iría a la urbe.

El sueldo de la oenege le permitió cierta holgura, pero tenía gastos locos, como sus amigos decían, se le metió la idea de equipar el centro medico de un alejado pueblo a orillas del Titicaca e invirtió sueldo, tiempo y amistades en lograr dicho cometido. Cuando con terceras intenciones, sus amigas le preguntaban porque no se le conocía pareja, con toda seriedad respondía: yo solo tengo una, mi patria Bolivia. Pero en el frío de las sabanas sentía la necesidad del ser amado, satisfaciendo esta necesidad alquilando amores y sufriendo amores fugaces con las voluntarias venidas del extranjero.

Su tren de vida no hubiese variado, soñar con la revolución trabajando en las comunidades campesinas, pero  otros eran los tiempos, la "capitalización" de las empresas estratégicas, que no era sino la entrega de estas al capital trasnacional,  movió al pueblo boliviano a la protesta, acallada con palo y zanahoria. Estuvo en primera fila con un pasamontaña cubriéndole el rostro cuando el incendio de movilidades del ministerio de gobierno en la estación central. Apedreo policías, casi le parte la cabeza un gas lacrimógeno y sufrió por la espalda las caricias de los balines. Pero dicha acción sirvió de poco, el gobierno aplico su plan privatizador.

La depresión invadió su corazón, no le hallo sentido a la vida, sentía mas que todos la derrota siempre presente de las movilizaciones sociales, por eso se dedicaba con excesivo celo a ayudar a sus CAMPESINOS (así con mayúscula) como los llamaba cuando Baco compartía sus penas. Por eso sintió un rayo en su corazón cuando de casualidad en el escritorio  encontró el reporte real del estado de cuentas de la oenege de la que era parte, no la oficial que se presentaba, sino la otra, la que mostraba la cruel realidad, hizo números, de cada diez dólares donados, con suerte uno se destinaba a los beneficiarios. Se sintió traicionado.

Hizo un repaso a su vida, se dio cuenta mientras excavaba el jardín que muchos de sus amigos predicando la revolución se habían hecho ricos, sus razones tendrán -se dijo- pero le dolía que le hubiesen utilizado, pero, mas que se hubiese dejado utilizar dejando de lado sus sueños. Puso el caño de la pistola en su sien. Al día siguiente, muchos se sorprendieron al leer la nota de crónica roja que relataba el suicidio. Sus amistades se preguntaban el porque, puesto que no había dejado carta póstuma.

x Mario Ronald Duran Chuquimia.

El Alto, 4 de Enero de 2006.