jueves, 4 de enero de 2007

Morir en diciembre

Morir en diciembre.

Para quienes mataron sus sueños de revolución.

 

Como todos los años,  se dedico a devolver a la sociedad lo que en justicia le correspondía, cual fanático religiosos, llamaba por teléfono a sus amistades, importunándoles de que si no tenían por ahí ropas usadas, juguetes y un largo etcétera, quería llegar con mas presentes navideños a las comunidades del altiplano, cual Papa Noel hubiese querido estar en varios lugares al mismo tiempo.

            Esa fue la forma elegida de olvidar sus sueños de juventud,  joven casi niño, escucho la historia del "Che" Guevara, su gesta de guerrillero, ya en la universidad se relaciono con los grupos de izquierda, cada uno a fuerza de palabras mas revolucionario que el otro, conoció la derrota de la Unión Democrática y Popular, escribió sesudos análisis sobre las tareas de la Central Obrera Boliviana y el pueblo movilizado, intento ser profeta en su propia tierra, aparte del circulo de amigos que le palmeo la espalda, los líderes sociales no quisieron escucharlo, puesto que el sindicalismo solo concebía metas de corto plazo:  "mas salario y mas pulpería".

Al paso del tiempo idealizo al Che y  año que pasaba sentía mas fuerte el llamado de la montaña, empezó a endurecer su cuerpo de burgués, de a poco llego a trotar una hora todos los días, realizar el aseo de cuerpo completo con agua de grifo en las gélidas mañanas del altiplano.  Al calor de los alcoholes animaba a sus amigos a cambiar la teoría por la práctica revolucionaria, no quiso darse cuenta que ellos que recitaban a Marx de memoria se habían vuelto funcionales al sistema.

Cada vez que leía por prensa la formación de guerrillas guardaba los recortes en una carpeta, buscaba la forma de contactarse con dichas células, esperando desenterrar del jardín, el FAL, las balas, la pistola automática, las granadas que con paciente labor, ahorros y paciencia había hecho suyos. Las mas de las veces el gobierno de turno acababa con los intentos de los "extremistas" y se quedaba con las desesperanzas hechas.

Un amigo suyo le invito a trabajar en una oenege que se dedicaba al desarrollo de las comunidades campesinas, aprendió aymara y quechua, no los hablaba con perfección pero se hacia entender, se relaciono con la dirigencia campesina, pero su piel clara no lo ayudaba por mas que se tostaba al sol, adelantándose en el tiempo supo que el cambio social en Bolivia vendría de las comunidades rurales e iría a la urbe.

El sueldo de la oenege le permitió cierta holgura, pero tenía gastos locos, como sus amigos decían, se le metió la idea de equipar el centro medico de un alejado pueblo a orillas del Titicaca e invirtió sueldo, tiempo y amistades en lograr dicho cometido. Cuando con terceras intenciones, sus amigas le preguntaban porque no se le conocía pareja, con toda seriedad respondía: yo solo tengo una, mi patria Bolivia. Pero en el frío de las sabanas sentía la necesidad del ser amado, satisfaciendo esta necesidad alquilando amores y sufriendo amores fugaces con las voluntarias venidas del extranjero.

Su tren de vida no hubiese variado, soñar con la revolución trabajando en las comunidades campesinas, pero  otros eran los tiempos, la "capitalización" de las empresas estratégicas, que no era sino la entrega de estas al capital trasnacional,  movió al pueblo boliviano a la protesta, acallada con palo y zanahoria. Estuvo en primera fila con un pasamontaña cubriéndole el rostro cuando el incendio de movilidades del ministerio de gobierno en la estación central. Apedreo policías, casi le parte la cabeza un gas lacrimógeno y sufrió por la espalda las caricias de los balines. Pero dicha acción sirvió de poco, el gobierno aplico su plan privatizador.

La depresión invadió su corazón, no le hallo sentido a la vida, sentía mas que todos la derrota siempre presente de las movilizaciones sociales, por eso se dedicaba con excesivo celo a ayudar a sus CAMPESINOS (así con mayúscula) como los llamaba cuando Baco compartía sus penas. Por eso sintió un rayo en su corazón cuando de casualidad en el escritorio  encontró el reporte real del estado de cuentas de la oenege de la que era parte, no la oficial que se presentaba, sino la otra, la que mostraba la cruel realidad, hizo números, de cada diez dólares donados, con suerte uno se destinaba a los beneficiarios. Se sintió traicionado.

Hizo un repaso a su vida, se dio cuenta mientras excavaba el jardín que muchos de sus amigos predicando la revolución se habían hecho ricos, sus razones tendrán -se dijo- pero le dolía que le hubiesen utilizado, pero, mas que se hubiese dejado utilizar dejando de lado sus sueños. Puso el caño de la pistola en su sien. Al día siguiente, muchos se sorprendieron al leer la nota de crónica roja que relataba el suicidio. Sus amistades se preguntaban el porque, puesto que no había dejado carta póstuma.

x Mario Ronald Duran Chuquimia.

El Alto, 4 de Enero de 2006.

 

 

2 comentarios:

brujits dijo...

Me gustó mucho la historia, real, muy real en nuestra tierra hermosa boliviana. Ahorita le doy una leida a tus otras entradas.

Mario Duran dijo...

brujits:
se agradece la lectura, pero repito "cualquier parecido con la realidad es pura coicidencia".